Y la vida sigue, y de repente te das cuenta que ya no eres la niña de antes.
Qué difícil y que cuesta entender el porqué el tiempo cambia tanto en razón de pensamientos, obras, ciclos, etapas.
Realidades o solo ficciones cuando pensamos que muchas veces somos malos jueces con nuestros hijos o simplemente estamos “fuera de onda” o “pasados de moda” como dice la juventud de hoy.
De repente comenzamos a vernos diferentes, y nuestros rasgos humanos ya no son los mismos de antes .
Vivimos el famoso estirón, y nuestro cuerpo comienza a verse distinto.
En mi caso, fue muy difícil aceptar y comprender eso, ya que después de un intenso dolor de cabeza de tres días , de repente toda mi ropa me empezó a quedar corta, ni siquiera chica, sino que muy corta.
Conclusión a eso:
Había crecido en un par de semanas como cinco centímetros de una vez. Tenía solo 13 años.
Comienza nuestro tiempo donde vivimos los típicos cambios físicos , muchos traídos de una genética familiar, como el ser alto, más flaco, más robusto, color de ojos, etc. , o simplemente porque son solo parte del proceso de crecer.
Cuando pensé en escribir sobre esto, me remonté a comparar con los tiempos de antes , y hoy viendo el pasar de los años en mis hijos convertidos en adolescentes , ya casi adultos, pienso en cuántas travesuras no hice antes o cuánto tiempo quizás me postergue porque simplemente no lo viví como debí haberlo hecho.
Me he cuestionado eso varias veces.
Pero no mirándolo como algo que no hice, o algo malo , sino más bien pensando que los tiempos de antes simplemente no van de la mano en absoluto con los tiempos de ahora.
Tampoco es la continuación de otra época, eso tampoco.
Sino más bien, es que hoy o se madura antes, para adecuarse a lo que se vive o se estila, o te vas quedando “literalmente “ en el pasado.
Es ahí cuando me pregunto :¿O es que acaso me habré quedado en el pasado al pensar que hoy la juventud cambió, o simplemente hay que adecuarse a la época ?
Quizás todos experimentamos en algún minuto esa etapa adolescente creyendo ser adultos y con derecho a opinión, poniendo a prueba y en el límite todo cuanto nos inculcaron nuestros padres.
Cuando pienso en ello, me vuelvo a prejuiciar y me pregunto :
¿ Y porque no fui más aventurera, o más “polola”, o más liberal , o me deje querer más cuando debí hacerlo ?.
En mi caso, siempre con el estricto rigor de un papá que pensaba que cualquiera que se nos acerque nos haría daño. Es que al parecer él creía que siempre seríamos sus niñitas.
Pasamos muchas veces de un afecto excesivo a un estricto rigor de padre/hijos.
No sé en realidad que predominó más en su minuto.
O si fue tan necesario ocupar tanto régimen y tanta disciplina.
Pero en fin, solo pienso que es una etapa de la vida que hay que pasarla, con altos y bajos por muy complicada que parezca.
Tan complicada a veces como pasarle por primera vez las llaves de un vehículo a un hijo, porque es el instante donde ellos mismos pueden conducir su vida,
pero lo importante es que por ellos mismos se den cuenta que eso marcará un antes y un después en sus vidas.
La gasolina se la empiezan administrar ellos mismos desde el minuto que le damos ese permiso.
Una etapa en realidad que nos va formando y forjando nuestro propio carácter y autoridad alguna veces.
De repente hasta no sabemos qué es lo que queremos de la vida, y eso nos hace vivir nuestra vida con rebeldía o ser casi conformistas.
Aprendemos a elegir amistades por cuestión más de elección y no al azar como cuando somos niños.
Cometemos errores, ¡¡¡ claro que sí!! , y bastantes .
A veces incluso llega a ser literalmente una constante guerra, porque es la etapa de tu vida donde nadie sale ileso.
Nos cuesta incluso entender que quizá es el minuto donde tenemos el mundo a nuestro favor, pero lamentablemente muchas veces pensamos que ese mundo está en nuestra contra.
Que difícil se hace todo cuando pensamos que nadie nos escucha o lo que es peor, que nadie nos entiende.
Empezamos a guardar secretos porque sí, y sin explicaciones, pero lo más terrible es que muchas veces ese mundo secreto ni siquiera lo comentamos con quienes amamos.
Sino que más bien empezamos a confiar en quien no debemos.
Y es ahí cuando nos aislamos, nos equivocamos mil veces, porque no somos capaces de pedir ayuda.
Nos creemos autosuficientes creyendo que todo lo podemos hacer perfecto.
¡¡¡ Y es que debemos equivocarnos !!!, ¿sino cómo aprendemos ?
Caemos de un progreso a un retroceso, porque de creernos adultos, podemos llegar a ser tan confiados, pero temerosos a la vez.
Se hace difícil llegar a la mente de un adolescente cuando no sabe discernir entre lo que está bien o está mal. Y eso , nosotros como adultos, muy bien lo sabemos.
O cuando no sabe la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Complicado ese punto si muchas veces ni siquiera los padres lo tienen claro.
Más complicado aún se hace cuando es una etapa donde comenzamos a clarificar lo que podríamos llegar a ser en nuestra vida ,
algo así como lograr conseguir o buscar nuestra propia identidad.
Nuestra adolescencia en general es tan sabia que llega a ser tan importante muchas veces como el agua o la comida.
Necesitamos de ambos elementos para sobrevivir.
Llega un momento de tu vida como papá o mamá , que te encuentras entre si has hecho lo correcto con tus hijos ,o si le has inculcado buenos valores para enfrentar cada etapa de su vida.
Incluso hasta te preguntas si son ellos los que viven contigo o si eres tú quien vive con ellos.
Difícil eso , y no siempre se concibe entenderlo, pero tan cierto y real como cuando te vas dando cuenta que no por ser tus hijos son de tu propiedad.
El proceso es tal cual como el de las aves, donde cada uno nace con alas propias y cuando se sienten listos ,son libres para volar donde ellos decidan.
Y ante eso, no existen frenos ni peros que puedan impedirlo.
En pocas palabras, es la ley de la vida.
Detrás de un adolescente que se esfuerza por mejorar, creo que siempre debe existir ese adulto próspero.
Y eso, debe ir de la mano de esa pronta madurez que vamos adquiriendo.
Si eso no funciona, es porque simplemente hay algo que no se está haciendo bien.
Es lo que llamo,
“Inculca buenos valores en tus hijos y verás el fruto en el paso de su adolescencia”.
Creo que cada etapa de nuestra vida, y todo aquello que vamos aprendiendo en el camino, nos lleva siempre de alguna forma a formarnos y a definir nuestra calidad de ser buenos seres humanos el día de mañana.
Aprendemos con el tiempo a valorar y aceptar cosas que antes no se valoraba.
Aprendemos a equilibrarnos y asimilar dentro de nuestra madurez entre lo que veíamos como lo mejor y lo peor.
Cuesta asumir que nuestros tiempos de antes no son los tiempos de ahora, o hacer entender a nuestros hijos que llegar a la mayoría de edad no significa irse de la casa y hacer lo que según ellos está bien.
Personalmente, me gusta que sean mis hijos quienes me corrijan frente a lo que yo aún sigo pensando que es correcto. Me retroalimento con cada uno de sus consejos.
Y frente a eso , sea para bien o para mal, y con una madurez ya formada, ellos se han ido convirtiendo en mis propios jueces.
Creo que no hay malas adolescencias, sí hay malos caminos que nos conducen a cometer errores.
Del error siempre se aprende, no así de las victorias.
“La adolescencia es la forma de la naturaleza donde los padres se preparan para el nido vacío ( Karen Savage )