Hoy amanecí bonita.

por Elizabeth Barria

Hoy amanecí bonita, y hoy debo decirlo, ayer al parecer también, y creo que anteayer igual.

Y  eso no  tiene nada  que  ver con vanidad o soberbia,  porque creo que nunca lo he sido, ya que  soy todo lo contrario. Porque eso de aparentar algo que no soy , aunque muchas veces  he querido hacerlo, nunca me ha resultado. 

Muchas personas han acompañado mi vida hasta  aquí en distintas facetas . Y creo que ponerme a enumerar a cada una me faltaría mucho  texto.

Alguien me dijo un día que siempre nos encontramos con nuestro otro yo en algún lugar de nuestro camino , y creo que eso muchas veces no es casual. Nos reconocemos y sabemos que en alguna parte fuimos del mismo mundo. 

Cuando se juntan los mismos pensamientos en varias personas es como encontrar nuestro propio talón de Aquiles, o encontrarnos con  nuestras coincidencias  dibujadas en una misma identidad. 

Y así  son  las miles de mujeres que se me han cruzado en cada lugar donde he viajado.

Creo que sin dudarlo  es  la mejor  raza humana  que  aun cuando pasen los años posee la cualidad y la capacidad de volver a cero, aún cuando el cuerpo muchas veces se acostumbra a  los grados bajo cero que dejan los  días nublados. 

Vuelves a  sentir que respiras a  la vida  y decides  dejar de ahogarte , porque estas segura que no eres la única en el mundo tratando de dar vuelta la hoja, porque luego vienen miles de nuevas sonrisas, y gracias a ello se puede  volver a nadar sobre un montón de charcos que en vez de saltar , ahora es mejor  bailar sobre ellos. 

Cuando las mentes de varias  mujeres se mezclan y se juntan  nacen nuevas fuerzas, se festeja la vida, crece la magia,  se recompone el espíritu, se entierran dolores, y el poder de la sanación cobra vida como un nuevo alimento. 

Se es capaz de  ser aire, brisa, huracán y tormenta a la vez dejando de ser la huella de alguien  y  levantando ese muro de la necesaria independencia.

Recuerdo que hablar del futuro en otros tiempos no existía. Porque crecimos en una adolescencia tan presente  y tan  llena de otras músicas, planeando quizás una salida al cine a ver algún estreno,  o pensando tal vez en el nuevo baile o en ese chico que nos empezaba a gustar.

Y nuestro futuro era hablar, hablar y hablar,  hasta cansarnos. Porque existía el diálogo en vivo y no en un chat.

Y yo  incluso, tan ingenua era que  pensaba que casarse después de los 20 ya sería  muy tarde. O llegar a los 30 quizás sería empezar a pensar en mi próxima vejez.

Hoy una gran parte de nosotras ya está pasando a la siguiente fase de nuestras vidas. Ya vemos esas irremediables arrugas o tal vez esa temida menopausia ya se instaló  en el cuerpo de varias. 

Somos las siguientes sobrevivientes  de todo aquello que nos ha hecho ganarnos cada una de nuestras canas, arrugas o  varias estrías.  Hemos sobrevivido entre educar hijos , o también, cuidarlos de enfermedades, experimentando cambios  , y en fin, todo aquello que la vida nos ha ido dejando en nuestros 30, 40, 50 años y más. 

Y es que el tiempo nos enseña a ir construyendo cimientos nuevos  sacados de muchos pedazos de esa  nueva construcción. Nos hacemos  más sabias, más seguras, más completas, y hasta llegamos a sentirnos más salvajes  sin nuevos  miedos que  nos agobien o sin tantas  dudas que nos atormenten a pensar   que estamos haciendo de nuevo  mal las cosas.

Muchas veces  hay que intentar hacer algo nuevo  para saber si nos sirve para el momento o será para toda la vida, y en el no aprender de ello, encontramos igual la respuesta, aún  asumiendo costos y corriendo riesgos. 

Y tú , ¿sigues pensando que te faltan cosas por hacer, aún  cuando tienes un techo sobre tu cabeza , y quizás menos muebles de una amiga que presume tenerlo todo? . 

Eres libre de expresarte, hoy , mañana y toda tu vida, con altos y bajos. Si quieres puedes llorar, reír , soltar tu rabia, y eso también incluye  querer estar o no. 

Hoy más de la mitad de las cosas que tengo las busqué obviando prejuicios y omitiendo permisos. 

Soy quien soy a pesar de mi pesar.  Permití gente en mi agenda que muy a mi pesar dolió esa despedida.

Creí  en ese cuento de hadas  perfecto que solo traía bestias y nunca príncipes.

Me dolieron hasta las venas por miradas que nunca fueron  sinceras, pero en  cada etapa puse todo de mi parte, así  es que por ese lado no tengo deudas conmigo misma. 

Hoy  vivo honrando mi alma, porque escucho ese silencio embravecido de  todo lo  que tiembla en mis  manos y en ese nuevo aliento de cada mañana.

No estoy perdida en la vida porque me tengo a mi misma , porque hace un tiempo y gracias a Dios descubrí que nadie me va a poner  donde yo no quiero estar. Y  sé que voy a llegar hasta el fondo  de lo que quiero llegar a ser. 

Hace mucho que despierto  y afuera  ya no llueve , porque descubrí que lo único más constante y cierto en mi camino ha sido cada  nuevo cambio que le he querido dar a mi vida. 

Hoy ya no vivo entre dudas, porque lo único que anhelo es que un día la muerte me encuentre tal cual soy y donde yo decida estar, pero siempre  siendo yo misma.

Hoy nada me falta ni nada me sobra.  Pero me basta con saber que ésta es mi vida y que acá, solo me mando yo.

 

No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.

 

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1 comentario

Nicolle agosto 29, 2021 - 2:06 am

Creo fielmente que todas las personas que en algún momento están en nuestras vidas, son maestros, vinieron a enseñarnos algo, a que podamos aprender de ellos y a que puedan aprender de nosotros y eso que tanto nos gusta del otro es porque nos gusta de nosotros, pero no podemos verlo o eso que tanto nos disgusta de esa persona es porque hay algo que trabajar en nosotros internamente. Y por lo mismo tenemos que aprender a saber estar con nosotros, amar todo lo “bueno” y “malo” que tenemos o creemos que tenemos, sin juzgarnos, conocernos, respetarnos y cuidarnos nosotros mismo ya que somos nuestra propia felicidad.

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